Descubrí que no me gusta el fútbol

   Hace aproximadamente una semana, post final de la copa Libertadores, escribí acerca de las sensaciones con respecto al partido y al fútbol en general. Lo hice tal vez un poco cansado, desilusionado o desencantado con el entorno, con todo lo que sucede alrededor de él y en su nombre, pero no con el juego en sí. Días más tarde me “reconcilié” con la parte del fútbol que me interesa, la que tantas cosas me genera (sabía que iba a pasar) porque no me parecía justo dejar que todo el circo que lo rodea arruinara el resto. Pero paradójicamente con esa reconciliación descubrí que no me gusta el fútbol y que quizás nunca me haya gustado en sí. Trataré, si puedo, explicarme mejor:

   Como a muchos nos pasó, desde chico la pelota formó parte de mí: primero con mis amigos del barrio y después con los de la escuela. Nunca fui muy buen jugador y ni siquiera recuerdo si me gustaba el juego (la verdad es que creo que no) pero supongo que uno lo hace un poco para pertenecer, para formar parte de eso que la mayoría hace y disfruta. Ya un poco más grande, con la llegada del Mundial del año 2006, me entusiasmé siguiendo los partidos por televisión y comenzó a gustarme en serio. De allí en adelante miraba cada partido que podía, me pasaba horas ante los canales de deportes y hasta comencé a jugarlo mejor (o al menos con muchísimas más ganas y sacrificio que antes). Creo que fue allí cuando se produjo el click, en ese momento me di cuenta. En realidad no creo que haya sido de manera consciente pero supe que había descubierto algo importante. Un puente. Había descubierto un puente entre mi papá y yo. Y ese puente era el fútbol.

   Siempre fuimos muy distintos, en gustos, en la forma de ser, en muchísimas cosas. Eso nunca fue un problema ni un impedimento de ningún tipo en nuestra relación, pero inconscientemente había descubierto una fisura, una forma de mejorar aquello y no pensaba desperdiciarla. Había descubierto algo en lo que podíamos parecernos. Algo que nos unía: River, el fútbol. Por eso creo que comenzó a  interesarme tanto; descubrí que podía ser la excusa para estar noventa minutos mirando un partido junto a mi viejo; para tener de qué charlar antes y después de ese partido. La excusa para pasar un momento juntos con un mate, una picada, una cerveza o un asado de por medio; la excusa para abrazarnos fuerte con cada gol y para tener con quien compartir mis tristezas deportivas. La excusa perfecta para fortalecer nuestro vínculo, eso (sin saberlo) era en lo que se había convertido el fútbol para mí y por eso me apasionaba.

   Hoy, después de una derrota, reafirmé esa idea de que quizá sea verdad eso de que el fútbol en sí no me gusta tanto. Porque lo que me gusta es lo que representa para mí, para nosotros. No me gusta el fútbol-negocio, ese ya no me interesa más. El que me gusta es el que me trae a mi viejo acá conmigo, aunque ya no esté. El que me revive mates y abrazos, goles y llantos. Ya no quiero saber más nada con el otro y espero que no termine por arruinarnos el nuestro, el fútbol-puente que tanto queremos.

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4 comentarios sobre “Descubrí que no me gusta el fútbol

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  1. Esa vía de unión no puede desaparecer. El forofismo exagerado es lo que hace del futbol un problema. Pero compartirlo en un buen ambiente futbolero y con una birra y un buen asado…eso vale la pena hoy y siempre.
    Me gusto conocerte un poco mejor.Saludos a tu viejo.

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