Predicar con el ejemplo

Ariel, como la mayoría de nosotros, tiene infinidad de recuerdos. Incluso recuerdos que no sabe que recuerda. Pero hay uno, especialmente, que lo tiene muy firme en su memoria: es a su padre sentado en su sillón preferido con los ojos fijos en las páginas de un libro. Y si lo recuerda con tal firmeza no es por una mera cuestión de azar, sino porque esa imagen se repetía casi a diario desde que Ariel tuvo uso de razón.

Pero eso no es lo raro. Lo que sorprendió a Ariel (y que solamente con el pasar de los años tal vez entenderá) fue que su padre, tiempo después, le confesó que en realidad nunca aprendió a leer.

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